Las calles llenas de cosas, vacías ante mis ojos.
El paso despreocupado, el viento en mi pelo.
No hay sonrisa en mi cara, tampoco mueca de sufrimiento.
En esos momentos, me recuerdo tal como soy.
Confinada a los delirios, a las persecuciones, a las figuras literarias que aparecen en mi mente, como relámpagos.
Sigo siendo yo, después de las íntimas transformaciones.
Yo y el saco gris de mis vivencias, las más acaloradas son de hace poco tiempo, las guardo bajo siete llaves, momentos favoritos de existencia. Recuerdos antiguos y malgastados, amores negros a poetas muertos; aferrados a la idea sangrienta de morir por morir, morir por gusto. Qué tontería.
La taza de té a cualquier hora del día, el divagar cansado de mis miedos.
Soy yo, la que fui y la que soy. Distinta en mil maneras... Más feliz. Si, más feliz.
Mirar las mismas cosas, con la pena de siempre. Dejar la rutina por un minuto o dos y contemplar la angustia que envuelve a lo diario, el desconcierto. Estoy parada, en medio de la calle. ¿Por qué?
Van pasando los minutos, carcomiendo la energía del día, mascullando momentos.
Va pasando el día, como tren que no espera a nadie, como un golpe de viento, que no avisa a nadie, que despeina a todos, que entristece mi pecho, que ilumina mis ojos.
Va pasando todo y yo acá con mi cara ardiendo y mi té a la derecha.
Y tú en algún lado, recorriendo los matices de tu propio relato.
Y tú en algún lado, incendiando las calles sin darte cuenta; dando de respirar a mis pulmones, sin darte cuenta.
jueves, 28 de junio de 2012
sábado, 23 de junio de 2012
Entre ruidos molestos, olvidé lo esencial para las tardes.
Escribir por gusto, sabiendo no ser leída por nadie, sabiéndome oculta entre los bosques anómalos de quien se pierde, también por gusto.
Los ojos se me agrandaron hasta no caberme en la cabeza, salieron derretidos y cayeron a goterones turbios sobre mi cuerpo, todavía frío.
Siento fuego en el cerebro, crónica de una pesadilla anunciada.
Y si, me arrepiento de la misma forma en que no lo hago.
Me nublo.
Estoy en shock.
Pierdo la dirección de mis músculos abatidos.
Me pesan los brazos, barro el suelo con mis nudillos huesudos.
Escribir hasta perder la conciencia.
Escribir hasta que no signifique nada.
Como ahora, como justo ahora.
Escribir por gusto, sabiendo no ser leída por nadie, sabiéndome oculta entre los bosques anómalos de quien se pierde, también por gusto.
Los ojos se me agrandaron hasta no caberme en la cabeza, salieron derretidos y cayeron a goterones turbios sobre mi cuerpo, todavía frío.
Siento fuego en el cerebro, crónica de una pesadilla anunciada.
Y si, me arrepiento de la misma forma en que no lo hago.
Me nublo.
Estoy en shock.
Pierdo la dirección de mis músculos abatidos.
Me pesan los brazos, barro el suelo con mis nudillos huesudos.
Escribir hasta perder la conciencia.
Escribir hasta que no signifique nada.
Como ahora, como justo ahora.
miércoles, 13 de junio de 2012
Podrían ser tantas las opciones que se enmascaran en este momento de alguna forma real.
Podrían mis ojos estar golpeando otros lugares ahora mismo.
Y mis manos parpadeando otros lenguajes.
Los edificios bien podrían difuminarse perdiéndose en un olvido.
La tierra ser el cielo.
Lo perpetuo, pasajero.
Escalones de acero, profecía bíblica y emocional.
Mi edad no es tal.
Mi materia es mariposa de sombra, recorriendo cada espacio en el rabillo de mi ojo.
El frío de esta noche, promesa vacía.
Podrían mis ojos estar golpeando otros lugares ahora mismo.
Y mis manos parpadeando otros lenguajes.
Los edificios bien podrían difuminarse perdiéndose en un olvido.
La tierra ser el cielo.
Lo perpetuo, pasajero.
Escalones de acero, profecía bíblica y emocional.
Mi edad no es tal.
Mi materia es mariposa de sombra, recorriendo cada espacio en el rabillo de mi ojo.
El frío de esta noche, promesa vacía.
jueves, 31 de mayo de 2012
Avanzo bajo el aleteo desagradable de las palomas que abundan por estas calles.
Sus ojos redondos y rojizos han de mirarme avanzar esquivándolas.
El viento enrojece mis mejillas, los veo a todos en mi contra.tan vacíos, profundamente mediocres.
Todos pasan rápido, están ciegos y sordos. Pedantes.
Miro unos grados al cielo, me encuentro con tu pelo incendiando el viento.
No todos me dan asco, en este mundo de ánimas confundidas.
Y cuando tu mano tibia atrapa a la mía, los edificios parecen doblarse, derretirse.
Y en un mundo de desdichas, conocerte fue suerte.
Me gusta avanzar contigo bajo el aleteo indiferentes de palomas que ya no importan.
El viento hace cosquillas.
Todos pasan rápido y a mi no me importa nada si en este mundo de malos augurios pude chocar con tus ojos, teletrasportarme a los campos ensoñados, virtualidad de lo que alcanzo cada ves que al girar mi cabeza, te veo incendiando el cielo.
Sus ojos redondos y rojizos han de mirarme avanzar esquivándolas.
El viento enrojece mis mejillas, los veo a todos en mi contra.tan vacíos, profundamente mediocres.
Todos pasan rápido, están ciegos y sordos. Pedantes.
Miro unos grados al cielo, me encuentro con tu pelo incendiando el viento.
No todos me dan asco, en este mundo de ánimas confundidas.
Y cuando tu mano tibia atrapa a la mía, los edificios parecen doblarse, derretirse.
Y en un mundo de desdichas, conocerte fue suerte.
Me gusta avanzar contigo bajo el aleteo indiferentes de palomas que ya no importan.
El viento hace cosquillas.
Todos pasan rápido y a mi no me importa nada si en este mundo de malos augurios pude chocar con tus ojos, teletrasportarme a los campos ensoñados, virtualidad de lo que alcanzo cada ves que al girar mi cabeza, te veo incendiando el cielo.
sábado, 19 de mayo de 2012
Tantas sutiles muertes. Tantas enfermedades solitarias.
Blancos espacios en la memoria absurda. Frágiles de trozos sin retorno.
Tantas dulces muertes propagadas. Ausencia de luminosidad salubre.
Oscuro paraje de los pasillos míos.
Temible osadía de la cabeza febril.
Castigos obsoletos a mis cavilaciones diarias, a la oscilación que no cesa de mi ímpetu resbaladizo.
Por el tobogán de los desechos, corre mi pena y mi risa.
Me dejo llevar por el poco viento, por los ojos cerrados y el ruido.
Blancos espacios en la memoria absurda. Frágiles de trozos sin retorno.
Tantas dulces muertes propagadas. Ausencia de luminosidad salubre.
Oscuro paraje de los pasillos míos.
Temible osadía de la cabeza febril.
Castigos obsoletos a mis cavilaciones diarias, a la oscilación que no cesa de mi ímpetu resbaladizo.
Por el tobogán de los desechos, corre mi pena y mi risa.
Me dejo llevar por el poco viento, por los ojos cerrados y el ruido.
viernes, 27 de abril de 2012
Una niña desesperada, pobre niña enamorada, de los atardeceres fríos y la urgencia de sus besos.
Niña contenta, niña de hojalata, con los brazos pesados de tanto no sé que.
Me gusta cuando las cosas mejoran y ganan los abrazos, en desmedro de los reojos.
Me gusta tu risa perturbada haciendo eco en todas partes, ¿la escuchas? ¿te contagia como a mi?
La noche llegó tan rápido, mis párpados caen cadenciosos, las pestañas me pesan kilos.
Pensé estar en un sueño, me gustó.
Casi me desmayo, de esa felicidad familiar de no poner atención a nada y flotar en el tiempo y en el espacio, tan ficticios, tan adornados de buenas intenciones, me sentí tibia.
Me gusta el frío, cuando puedo abrigarme a tu lado.
Ergo, odio el frío de tus pupilas cuando se alejan y me castigan y me clavan esas miradas cargadas de plomo, de balas que sacuden mis escuálida defensa...
Por eso todo es mejor cuando se suavizan las aristas astilladas de nuestras espadas que no quieren luchas, por eso es todo tan suave y limpio cuando se reencuentran nuestras almas que no se veían hace tiempo y giro, estoy girando trastornada a tu alrededor que todo innunda y me siento feliz, como me siento sólo contigo, feliz y perdida en tus ojos forestales, ya te dije toooodo esto antes, no es así?
Niña contenta, niña de hojalata, con los brazos pesados de tanto no sé que.
Me gusta cuando las cosas mejoran y ganan los abrazos, en desmedro de los reojos.
Me gusta tu risa perturbada haciendo eco en todas partes, ¿la escuchas? ¿te contagia como a mi?
La noche llegó tan rápido, mis párpados caen cadenciosos, las pestañas me pesan kilos.
Pensé estar en un sueño, me gustó.
Casi me desmayo, de esa felicidad familiar de no poner atención a nada y flotar en el tiempo y en el espacio, tan ficticios, tan adornados de buenas intenciones, me sentí tibia.
Me gusta el frío, cuando puedo abrigarme a tu lado.
Ergo, odio el frío de tus pupilas cuando se alejan y me castigan y me clavan esas miradas cargadas de plomo, de balas que sacuden mis escuálida defensa...
Por eso todo es mejor cuando se suavizan las aristas astilladas de nuestras espadas que no quieren luchas, por eso es todo tan suave y limpio cuando se reencuentran nuestras almas que no se veían hace tiempo y giro, estoy girando trastornada a tu alrededor que todo innunda y me siento feliz, como me siento sólo contigo, feliz y perdida en tus ojos forestales, ya te dije toooodo esto antes, no es así?
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